2012: referéndum y provocación

Una agenda obligaría a los partidos políticos a pronunciarse sobre temas de fondo y convertiría los comicios en un referéndum programático.

Ya pasaron las elecciones intermedias de 2009 y los actores están en los últimos días de una más de sus batallas legales y políticas. A pesar de los malos augurios, las cosas salieron razonablemente bien en la organización del proceso: las querellas acabarán resolviéndose de manera institucional y no en las calles. ¿Qué sigue ahora para el gobierno en los próximos tres años, si la salida de la crisis económica no está en sus manos, si no hay manera de bajarse de la guerra contra el narco, ni tampoco manera de ganarla, si el carácter hiperminoritario del PAN en la Cámara imposibilita cualquier avance sin el PRI, y el PRI no quiere ni puede darle medallas al Presidente? Es inevitable que las elecciones del 2012 dominen cada vez más la agenda y voluntades de los actores políticos; todo dependerá de la manera en que se quiera abordar la perspectiva de la sucesión presidencial. El Presidente tiene que decidirse: o administra el día a día de la crisis económica y de la guerra contra el narco, o coloca en el centro del debate los grandes temas que trasciendan las inercias de la administración pública y la política partidista.

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